dimecres, 20 d’octubre de 2010

Por una izquierda sin complejos



John Maynard Keynes

El 31 de diciembre de 1965, el prestigioso medio Time Magazine declaraba: “… las ideas de John Maynard Keynes han traído la prosperidad más considerable, prolongada y repartida de la historia”. La ideología llamada hoy thatcherista, que es lo mismo que decir “neoliberal”, era ridícula. Se contemplaba como una especie de secta económica que arrastraba hacia la injusticia y el dolor… quince años después, el reflejo más amable de aquella borracha británica, Ronald Reagan, asentaba sus posaderas en el despacho oval de la Casa Blanca.

 
Con anterioridad, Friederich von Hayek, paisano de Hitler, había sembrado la semilla de la mala hierba neoliberal con sus libros El camino a la servidumbre y La constitución de la libertad.

Entre las sandeces preconizadas en aquellas obras destacaba la siguiente: “Hay que confiar en el mercado sin control, pues el orden y la prosperidad surgirán entonces espontáneamente” … hoy sufrimos las consecuencias este disparate.

De hecho, la alcoholizada perversa Margaret Thatcher llegaría a afirmar: “Eso que llamamos sociedad no existe”. Así veía también el mundo Hayek: no como una colectividad donde las personas alimentan intereses comunes y persiguen, mediante las instituciones, alcanzar el bienestar común, sino como un conjunto atomizado de individuos buscando lo mejor para sí mismos sin importar los “muertos” que van dejando en el camino.

En este contexto, el soberano no es el Estado, ni mucho menos el pueblo representado por órganos democráticos, sino el “mercado”, es decir, los intereses de pequeños grupos o personas muy poderosas que ignoran y desprecian al prójimo.

Tampoco sirve aplicar el axioma de competencia entre “fuertes” y “débiles”, cacareado por los neoliberales y asumido con ligereza por la ingenua izquierda actual. De hecho, hay muchas personas fuertes, pero que se quedan en la cuneta debido a sus escrúpulos, rectitud y principios. Mientras que individuos no especialmente fuertes ni inteligentes prosperan merced a su codicia desmedida, mendacidad, malas artes y ausencia total de escrúpulos.

El ideal neoliberal, por tanto, se centra (además de en su crueldad y codicia) en degenerar la sociedad hacia un pastiche de “consumidores” no vinculados entre sí, en el marco de una democracia simplemente formal.

La izquierda, sacudiéndose hasta el último átomo de complejos, ha de derribar este engendro doctrinal tan hábilmente urdido y maquiavélicamente adoctrinado desde la mayoría de los medios de comunicación.

Para ello, quizá haya que recuperar—repito que sin complejos—ideas como “lucha de clases”, “explotación”, “plusvalía”, “revolución”… obviamente habrá que “disfrazarlas” con el eufemismo adecuado, pero sus conceptos han de ser abanderados por la izquierda.

En otras palabras, la izquierda se está desangrando por la tibieza y complejos con la que exhibe sus planteamientos. El temor a parecer “radicales” paraliza a la clase política progresista pero, en mi opinión, es precisamente esa parálisis la que nos lleva a la extinción pues como asegura, un sabio aserto: “Si luchas puedes perder… pero si no luchas ya estás perdido”. 

Article publicat per Gustavo Vidal Manzanares en elplural.com el 18-10-2010

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor
Blog de Gustavo Vidal Manzanares



2 comentaris:

  1. Lamentablement és des de l'esquerra suposadament progressista -que no passa d'una socialdemocràcia suau- que s'estant seguint servilment els postulats del neo-vellíssim-liberalisme.
    Caldrà no ressignar-se, però.

    marc.adell@uv.es

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  2. Per la meva banda crec que la cosa és la que és: increment dels aturats (20% a l'estat espanyol), increment de la gent que viu per baix de la pobresa (44 milions en USA i milers a la resta del món), destrucció del planeta...
    El sistema Capitalista no cal reinventar-lo cal anar a per ell, ha fracassat i hi ha el perill que se'ns emporte a tots per davant. Aquests neoliberals tan sols son el reflexe del nou Capitalisme salvatge que ja vam conéixer al segle dinou. Tan sols cal tirar mà de la història.

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